No fue tú mirada la que me robó un suspiro. No fueron tus besos los que me robaron el oxígeno. No fueron tus caricias los que desgarraron mi piel. No fue tu sonrisa lo que enloquecía mis sentidos. No fueron tus palabras las que ensordecieron mis oídos. Ni tu belleza lo que me dejó ciego…
Fue tu maldito amor lo que me dejó tirado en la esquina de ese bar
borracho y empedernido